Pendientes que se acoplan a las orejas. Hechos con lentejuelas diminutas y tules de diversos colores. Ligeros como el cancán de una bailarina de Montparnasse.
Están inspirados en los años 30. Aquellos eran de oro y llevaban dos bolitas colgantes, pequeños y muy elegantes. Éstos, son un poco mayores, de plata y con una buena dosis de color.
La fluidez de la cadena de metal engarzada, acentúa el círculo de grafismo. Se desliza en la muñeca, proponiendo juegos de color. Lleva una piedra de amatite.
Sutiles, tintineantes y ligeras. Estas pulseras están formadas por estampaciones de chapas con grafismos geométricos, arandelas de acero y piedras semipreciosas. El lenguaje del color expresado a partir de sus combinaciones más inesperadas.
Broches compuestos por plumas, tules y grafismos. Cosidos sobre telas vintage con hilos de lúrex. Brillos y chispazos de luz, que surgen de la pieza con la diminuta e intensa luminosidad de una luciernaga.
Tocados coloristas de aire sofisticado; no muy grandes. Donde lo geométrico se mezcla con el dinamismo de la pluma. Una especie de Ikebana con grafismos, sedas y tules para lucir en cualquier ocasión de tarde o noche.
Una personal interpretación del estilo de principios del siglo XX. Pincelada de euforia y optimismo, como caracterizaron aquellos años. Broches para solapas de antiguos abrigos vintages.
El tocado Ópera II, es de estilo oriental. Lleva un solo botón de seda y el estampado recuerda al bambú. También se acopla a media cabeza. Los pistilos son de alpaca y perla barroca natural.
Es una flor metálica con dos botones, hechos de telas antiguas. Lleva hilos de alpaca y ágatas formando los pistilos. El tocado, abarca media zona de la cabeza. Queda bien acoplado y el estampado es de dibujos de amapolas blancas.